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Lunes 26 de Septiembre de 2022

Congreso de la República: Entre el sexo y el alcohol

Por: Miguel Pérez Arroyo
Profesor de posgrado de la UNMSM
Abogado y Presidente del INPECCP/CENALES

Hace un par de días, el aún congresista Fredy Díaz anunció que en la famosa tarde-noche donde se produjo la presunta violación de una extrabajadora de su despacho, había estado bebiendo alcohol con otros nueve parlamentarios, entre ellos cinco mujeres y cuatro varones.

Esta afirmación, que ciertamente ha sido esbozada a modo de amenaza y chantaje a quienes le han suspendido del ejercicio del cargo por 120 días, es a todas luces más que preocupante, más aún cuando se negó a brindar los nombres de sus acompañantes.

Sin dejar de pasar la grave denuncia que en su momento hiciera la extrabajadora del Parlamento, resulta grave -por indecoroso y ausente de toda regla de ética parlamentaria- que nuestros funcionarios públicos, a quienes los ciudadanos del Perú les pagamos jugosos sueldos, gastos y viáticos, concentren su tiempo y desvíen su trabajo para libar alcohol y embriagarse.

Y todo esto dentro de las instalaciones congresales y con los resultados que ya conocemos: una aparente violación que se habría producido aquel 26 de julio dentro del propio despacho congresal del ahora suspendido Fredy Diaz.

Pareciera entonces, que en lugar de padres de la patria tenemos hijos parias, apátridas por completo, sin amor por lo más sagrado, por el país al cual juraron servir con honor y sobre todo con responsabilidad.

Tenemos en el Congreso hombres y mujeres inempáticos, sin educación cívica, sin respeto a su centro de labores, sin respeto a la institución y lo que ésta representa en un sistema democrático. Una que lleva vinos para “celebrar”, como si no tuvieran una casa, un local privado donde puedan comportarse como lo que son y sin tapujos.

Actúan como compañeros que -al son de un aplauso, del alcohol y un besamanos respectivos- dan rienda suelta a sus deseos, llegando a cometer (aun presuntamente) un acto de agresión sexual.

En el Perú, la violación sexual es uno de los delitos más recurrentes en nuestra justicia penal. Somos un país delictivizado, permeable al delito y al crimen. Eso es claro. Pero, lo que no era claro hasta ahora es que, aparte de incapaces de solucionar nuestros problemas democráticos, nuestros congresistas, algunos, también eran vulgares borrachos y posibles violadores.

Este es un nuevo escándalo que, otra vez, salpica el honor institucional de un Parlamento que bien podría ser la única salvación respecto de un Ejecutivo incapaz, pero que al final le termina haciendo un gran favor a este. Pareciera que ambos hubiesen entrado en una competencia respecto de quien es más lumpen que el otro.

Ante la duda debe operar, como siempre se ha dicho, que se vayan todos. Es la única solución para los graves problemas del país, deben irse todos.